La vuelta al campus: espacios inteligentes al servicio de la nueva normalidad

Este año, la vuelta a las clases será diferente: un comienzo incierto y una adaptación obligatoria a una nueva realidad. En este contexto, los responsables de los campus y sus equipos de mantenimiento se enfrentan a un enorme reto y, aunque la tecnología les ayudará a encontrar algunas soluciones, no les ahorrará el quebradero de cabeza que supone determinar cuáles son las mejores decisiones, teniendo en cuenta tanto la situación inicial (usuarios, servicios e instalaciones actuales) como los nuevos requisitos de salud pública, la normativa legal y las limitaciones económicas.

Edificios inteligentes / Espacios inteligentes

Este año, la vuelta a las clases será diferente: un comienzo incierto y una adaptación obligatoria a una nueva realidad. En este contexto, los responsables de los campus y sus equipos de mantenimiento se enfrentan a un enorme reto y, aunque la tecnología les ayudará a encontrar algunas soluciones, no les ahorrará el quebradero de cabeza que supone determinar cuáles son las mejores decisiones, teniendo en cuenta tanto la situación inicial (usuarios, servicios e instalaciones actuales) como los nuevos requisitos de salud pública, la normativa legal y las limitaciones económicas.
 

No obstante, la creación de un campus más inteligente (un «campus inteligente») nos proporcionará sin duda los medios para afrontar esta «nueva normalidad», al tiempo que buscamos:

  • Nuevos servicios que permitirán la reanudación de las actividades en el nuevo contexto.
  • La optimización de los flujos de personas para facilitar la circulación dentro del campus, garantizando al mismo tiempo el cumplimiento de las normas de distanciamiento social
  • La creación de espacios seguros y acogedores
  • Para facilitar el acceso de los ciudadanos a la información necesaria
     

Para alcanzar los objetivos anteriores, algunos de los casos de uso «inteligentes» que podríamos implementar en el campus son los siguientes:

1. Capacidad máxima y distancia social
En esta «nueva normalidad», resulta especialmente importante poder contar cuántas personas hay en una zona determinada o poder medir la distancia social entre ellas. Nos referimos a:

  • Contar cuántas personas han accedido a los distintos edificios del campus.
  • Llevar a cabo medidas de control de multitudes en las zonas comunes.
  • Intentar comprender y regular el flujo de personas por el campus para anticiparse a posibles problemas y evitar situaciones de aglomeración.
  • Permitir y controlar el distanciamiento social, para lo cual resulta esencial reducir el flujo de personas. Pero también intentar, en la medida de lo posible, seguir teniendo capacidad para acoger a un gran número de personas en determinados momentos.
     

Desde el punto de vista tecnológico, el primer paso consistirá en instalar sensores o cámaras para contar personas. Y para ello, primero hay que llevar a cabo tres tareas:

  • Análisis del espacio: identificar la mejor ubicación para estos sensores y cámaras con el fin de controlar las entradas y salidas de cada zona.
  • Diseño del flujo de trabajo: una descripción detallada de las acciones que deben activarse cuando se alcance la capacidad máxima o cuando se detecte que hay personas que no respetan el distanciamiento social. 
  • Comprobación del cumplimiento: conocer y respetar los límites establecidos por el Reglamento General de Protección de Datos o las leyes locales en materia de privacidad.
     

En la mayoría de los casos, los principales obstáculos para el recuento de personas no tienen que ver con la tecnología, sino con el conocimiento de los procesos y las restricciones normativas. A los campus acuden jóvenes con comportamientos sociales y patrones de comunicación específicos. Además, la privacidad es un aspecto clave. Por lo tanto, debemos lograr la combinación perfecta entre la tecnología —que nos permite implementar numerosos casos de uso—, los procedimientos que hay que seguir y el marco normativo que establece los límites de lo que está permitido y lo que no.

Teniendo en cuenta la introducción anterior, es importante implementar soluciones tecnológicas que respeten la privacidad (datos sin identificación individual, obtención de las autorizaciones necesarias, garantía de la protección de los datos sensibles que podamos gestionar o tratar), sin dejar de ser proporcionales a los beneficios obtenidos.

Este último punto es fundamental. Obtener el consentimiento de los usuarios y proteger adecuadamente sus datos es necesario, pero no suficiente. La Agencia de Protección de Datos podría acabar sancionando el hecho de que no se haya comunicado adecuadamente el impacto real del uso de estos datos, o que los usuarios (los estudiantes, por ejemplo) se encontraran en una situación de dependencia respecto a la universidad, lo que podría haber condicionado su consentimiento. O incluso que la tecnología utilizada sea desproporcionada con respecto a los objetivos que persigue. Por eso es fundamental tener en cuenta todos los métodos y procesos para proteger al máximo la privacidad de los estudiantes.

Podemos concluir, pues, que la tecnología siempre ofrecerá opciones y que su uso debe estar determinado por los procesos empresariales y por las normas jurídicas y sociales que estos deben respetar.


2. Medición de las condiciones ambientales
El objetivo de este segundo punto es lograr un entorno cómodo, eficiente y seguro en el que puedan desarrollarse todas las actividades académicas o administrativas. Por un lado, buscamos mejorar la percepción de los usuarios y proteger su salud; y, por otro, contribuir a la eficiencia energética del campus.

El primer paso es comprender qué está sucediendo: la situación actual. Por lo tanto, debemos instalar un conjunto de sensores que nos permitan recopilar estos datos, como la calidad del aire, la temperatura, etc.  

Junto con la instalación de los sensores en todo el campus, debemos definir cuál será el procedimiento a seguir en función de los datos recopilados. Es decir, qué condiciones deben activar una alarma ambiental y qué medidas hay que tomar cuando se active dicha alarma.  
 

3. Refuerzo de las medidas de higiene
Otro aspecto clave en esta «nueva normalidad» será reforzar los procesos y medidas que contribuyan a mantener limpio el campus. El principio básico de mantener limpias las zonas para garantizar la comodidad y satisfacción de los usuarios se ha reforzado considerablemente este año debido a la necesidad de limitar el riesgo de propagación del virus. Potenciar actividades como:

  • Desinfección periódica de las zonas comunes. En este sentido, es muy importante disponer de datos fiables sobre el uso de cada espacio. Esto puede integrarse con la información de reservas de las zonas comunes, como las salas de estudio o los laboratorios, configurando alertas automáticas para el equipo de limpieza en cuanto las zonas queden libres.
  • Control de los dispensadores de desinfectante de manos y de las papeleras y contenedores. Instalación de sensores de distancia en ellos para que los equipos de limpieza reciban una alerta cuando los dispensadores estén a punto de quedarse vacíos y las papeleras a punto de llenarse.
  • Control del uso y la ocupación de los aseos. Por un lado, contar cuántas personas hay en el interior en cada momento, con el fin de activar alertas (un letrero luminoso en un lugar claramente visible) tan pronto como se supere la capacidad máxima. Y, por otro lado, optimizar la limpieza de los aseos, por ejemplo, activando una alerta después de que un determinado número de personas los haya utilizado.


4. Implantación de nuevos servicios para facilitar la adopción y el cumplimiento
Gracias a la tecnología, podemos ofrecer nuestros servicios a los estudiantes y al personal docente para organizar mejor el flujo de personas, así como el uso de los espacios y el equipamiento del campus. El objetivo es evitar las colas y las aglomeraciones de personas que buscan los mismos servicios.

Mediante una aplicación móvil (una «aplicación móvil de campus inteligente») podemos facilitar tanto la reserva de servicios del campus (como pistas deportivas, laboratorios, espacios de trabajo, equipamiento, plazas de aparcamiento para bicicletas y vehículos, etc.) como el acceso a los servicios reservados previamente, utilizando la misma aplicación en nuestro smartphone. Por ejemplo, para abrir la puerta de una pista deportiva o desbloquear la plaza de aparcamiento para bicicletas reservada.
 

Predictibilidad
En todos los casos descritos hasta ahora, hemos destacado la importancia de medir lo que ocurre en el campus, activar alertas y actuar en consecuencia. Además, lo que aportará un verdadero valor añadido a nuestro «campus inteligente» no será solo informar de lo que ha ocurrido o de lo que está ocurriendo, sino poder predecir lo que va a ocurrir para poder adoptar las medidas preventivas adecuadas. Es decir, utilizar estos datos para identificar patrones de comportamiento mediante algoritmos de aprendizaje automático.

Estos patrones de comportamiento están relacionados tanto con los usuarios como con las instalaciones, lo que permite predecir en qué zonas, en qué momentos o en qué condiciones habrá: un mayor riesgo de sobrepasar la capacidad, un mayor nivel de contaminación del aire, las peores temperaturas, cuándo se agotará el jabón o cuándo se espera una mayor afluencia de personas en los aseos o en cualquier otro espacio del campus.

Estas previsiones serán fundamentales para ofrecer mejores servicios y una mejor experiencia a todos los usuarios del campus, distribuir mejor las actividades por todas las zonas del campus y optimizar las tareas de los equipos de limpieza y mantenimiento.

Próximamente: Análisis

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